Muchas veces sentimos nombrar que el enganche, o el tradicional número diez, está desapareciendo. Que cada vez son menos los equipos que utilizan tácticas que contemplen la existencia de un organizador de juego claro. Ahora bien, ¿esto se debe a que los técnicos prefieren no contar con esta clase de jugadores, o realmente tiene más que ver con la calidad de los jugadores que aparecen hoy en día en primera división? ¿Ya no se forman enganches en las divisiones inferiores? ¿Es esto culpa de la falta de oferta, o de la falta de demanda? Parece ser como la interminable discusión del huevo y la gallina.
Antes que nada sería bueno definir que es el enganche. Generalmente la camiseta número diez se le otorga al jugador más importante o desequilibrante del equipo, al distinto. Aquel que es capaz de hacer lo que el resto de sus compañeros no son capaces de hacer. Es el encargado de generar juego, de tomar el control creativo del equipo, de organizar a sus compañeros dentro de la cancha, de generar la puntada final para dejar mano a mano al delantero. Es quien se pone el equipo al hombro. El cerebro.
Generalmente el esquema predilecto para la incursión del enganche es el ¿clásico? 4-3-1-2 que se popularizó en la década del 90. Entonces, ¿Cómo convivían antes el enganche y la organización táctica? ¿Es más, se podría hablar de la existencia de ese puesto antes?
En los comienzos del fútbol se veían esquemas tácticos muy extraños, para lo que estamos hoy acostumbrados. Desde los casi ridículos 2-2-6 y 1-1-8 que utilizaron Escocia e Inglaterra, respectivamente, en el primer partido internacional de la historia, en Glasgow, el 30 de noviembre de 1872, pasando por el más clásico 2-3-5 hasta los más modernos 4-2-4, de la década del 60, y 4-3-3, popular en la década del 70.
Si repasamos década a década podemos nombrar varios “enganches”, tales como Rattín, en la década del 60, Bochini y Alonso en los 70, Maradona y Borghi en los 80, notando ya una decadencia en los 90, con remanentes como Zidane y Marcelo Gallardo y los jóvenes Riquelme y Aimar para esa fecha.
Obviamente aparecerían luego otros, clásicos, como Andrés D’Alessandro, o “dobles cinco” como son Andrés Iniesta, Wesley Sneijder o Cesc Fàbregas, pero, especialmente estos últimos, no cumplen la tradicional tarea del enganche, debido a lo afianzado que se encuentra el sistema 4-4-2 en el continente europeo (lo que obliga a estos jugadores a cambiar sus características) y cada vez en mayor medida, en Sudamérica también.
Recordemos que dicho sistema, el 4-4-2, es un sistema principalmente defensivo. Muchos equipos se arman en la base de no recibir goles, pareciendo que la primordial premisa no es ganar, sino, no perder. Esto se debe en mayor parte, creo yo, al miedo que existe, principalmente en nuestro país, al fracaso y al ser destituido del puesto e insultado por parte de los técnicos, en mayor medida, y de los jugadores. No existe el tiempo de trabajo, ni el proyecto, lo que lleva también a un empobrecimiento técnico.
Además, hoy hay que tener en cuenta, que las divisiones inferiores, promueven un incomprensible exitismo. La “privatización” del fútbol (el fútbol empresa) lleva a los dirigentes a la necesidad estúpida (creemos desde aquí) de pedirle a los técnicos de las divisiones menores resultados, sin contar además que las jóvenes promesas son vendidas rápidamente a distintos mercados (ya sea el mercado europeo, o estos nuevos mercados que se abren, como puede ser Medio Oriente) para así cubrir baches financieros, generados muchas veces por las malas gestiones de esos mismos dirigentes; de esta manera la calidad del juego decae. Actualmente se prioriza ganar a jugar bien, y de esta forma se deja de lado muchos aspectos técnicos, lo que lleva a un indudable deterioro en la calidad del juego. Las etapas formativas dejaron de ser un espacio de formación y se introdujeron en la vorágine exitista que envuelve al futbol Argentino.
Por suerte, y contra todas estas oposiciones, siguen apareciendo jugadores que nos deslumbran día a día, como pueden ser los Pastore, los James Rodríguez, los Lamela, los Lanzini, los Gio Moreno, los Juan Neira. Esta nueva camada de jugadores que están revitalizando, (mientras se les permita) el puesto de enganche. Jugadores atrevidos, encaradores, pensantes, de buen pie y distintos. Verdaderos exquisitos. Es por ellos que vale la pena pagar una entrada, o sentarse frente al televisor a ver un partido de fútbol.
Por eso desde este humilde espacio esperemos que cada vez más jugadores como estos aparezcan y nos quiten de vez en cuando una sonrisa. Hay esperanza de buen fútbol. Desde aquí, aplausos para ellos.