Y un día volví. Con los ojos adoloridos de lo que acabo de ver. Con la bronca y la impotencia de comerme una hora y media de un bochornoso y aburrido partido de fútbol. Con la escasa ilusión de ver a un Boca que juegue bien a la pelota (bien y lindo). Con ver buen fútbol en general, por que podría hablar tranquilamente de la asquerosa selección de Sabella. Pero no, hoy no. Hoy, Boca y el mezquino torneo argentino.
Y si, Boca es puntero señores. Pero, ¿hay de que alegrarse? Como viene la mano, y luego de sacarle seis puntos de ventaja a los seguidores más cercanos, el Xeneize se perfila como candidato al título. Parecería que todo es hermoso para quienes amamos los colores azul y oro. Pero, creo que no es así. Por lo menos, no para mí.
Para empezar, quiero ser justo con Falcioni y decir que su nuevo Boca no tiene las falencias defensivas de otros tiempos. De hecho parece que nadie le puede hacer un gol. Pero, tampoco da la sensación de ser capaz de generar situaciones de gol. Sin Román, el equipo no sabe que hacer con la pelota. Y con Román en cancha, solo él sabe que hacer con la pelota.
Hay jugadores, como Somoza e Insaurralde, que desconocen de conceptos básicos de fútbol, o así parece. No saben cuando tocar de primera, cuando tirar el pelotazo, cuando tocar corto, cuando cerrar. Y así juega Boca. Una mezcla de jugadores que de a ratos rinden, como Erviti y Ribero, de gran campeonato, y otros que están perdidos.
Y así está el fútbol argentino. Este Boca, sin juego, sin peso en ataque, que, salvo el partido contra Unión, siempre que gano lo hizo por la mínima, es el candidato máximo para el título. Así se juega. Así celebran algunos. Este equipo que parece robar en la tabla, en la cancha, jugando, es el peor puntero de la historia.