martes, 24 de mayo de 2011

Dios atajó


“Ayer lunes, después de la charla que tuve con el presidente de River, Daniel Passarella, y el técnico del equipo, Juan José López, leí el mensaje que me habían mandado pidiendo disculpas. Al terminar de leerlo, lo borré. Tampoco leí en los diarios ni miré por televisión las disculpas públicas que me hicieron. Estas actitudes no las perdono”, sentenció Fillol.


Y la polémica con Juan Pablo Carrizo escribe su segundo capítulo. Esta vez Ubaldo Matildo Fillol salió a dar su parecer respecto a lo sucedido y su ultimátum. El Pato dejó de ser el ayudante de JJ López: “Obviamente, la vida continúa y si no puedo seguir ligado a River trabajando en las inferiores como venía haciendo antes de acompañar, junto a Pitarch, al Negro López en el primer equipo, buscaré un nuevo destino”.

Ahora… ¿Esto es para tanto? ¿Las disculpas y el arrepentimiento de Carrizo no significan nada? Parece que Fillol, como tantos otros ídolos o leyendas, sean Vilas o Sanfilippo, tiene cierto síndrome de dios. Y parece que no se puede hablar de ellos, que no se los puede superar, y cualquier gesto para con ellos puede ser tomado como una falta de respeto no solo a ellos, sino a lo que representan. Vaya a saber uno qué es lo que representan.

Es cierto, y estaría faltando a la verdad si no digo lo que fue Fillol: para muchos el mejor arquero de la historia argentina. Jugó tres mundiales, ganó uno.  Y junto a Amadeo Carrizo, seguramente los mejores arqueros de la historia millonaria, pero lo que se le critica aquí es esta actitud de víctima. ¿No es hora de que todos tiren para el mismo lado en River?

Dijimos que Carrizo estuvo mal. Y así fue. Pero reconoció el error. Y pidió disculpas. Pero también está mal el Pato al no aceptarlas, ni interesarse por las mismas.

“Me humillaron delante de todo el mundo”, fue otra de las frases del ex arquero. Lo que debe entender es que él no es superior a la institución, y en esta complicada situación de River, esto, claramente no ayuda. Siguen las internas en River, las que comenzaron con Buonanotte, y ahora se continúan con Carrizo y Fillol.

Para pensar.

lunes, 23 de mayo de 2011

El arquero del Barcelona

Se está hablando de Juan Pablo Carrizo. Y mucho. Se lo está criticando por “sus” dos goles en las últimas dos fechas, justo en dos clásicos, y dejando a River en promoción. Parecería que las críticas no están de más, pero… ¿realmente se lo puede criticar tan fuertemente a este monstruo del arco? No se puede saber, pero seguramente si Carrizo no fuera arquero de River, tal vez el millo estaría mucho más complicado de lo que está.

Quizás sea, junto a Oscar Ustari, uno de los mejores arqueros argentinos del último tiempo. Pero como la memoria es frágil, y el exitismo abunda, es fácil ahora salir a decir cosas como “Carrizo no sabe donde está”.

Si analizamos el juego de JP podemos decir que debajo de los tres palos es imbatible. Es muy bueno cortando centros, y además le sobra personalidad y habilidad para jugar con el pie. ¿Se imaginan a Carrizo gambeteando y saliendo jugando con Piqué o Xavi? Yo creo que sí. Por su juego, es el arquero ideal para el estilo culé: no solo ataja, sino que también sabe con la bocha en los pies.

Y esto último se le reprocha. Pero deben entender como es su naturaleza. Es algo que seguramente nunca cambiará. Y esperemos que así sea. Su concepto de juego es así. Y puede ser que esa clase de acciones no correspondan, pero, como se dice, el del arquero es un puesto distinto. Están todos un poco locos. Por nombrar solo algunos, podemos recordar a Gatti o a Chilavert, dos grandes del puesto, dos grandes polémicos.

En otro punto, y aquí si lo criticamos, pero tampoco creemos que sea algo tan grave, es la actitud que tuvo para con el Pato Fillol. Realmente no era necesario, y como siempre decimos, por más que las revoluciones estén a mil y la calentura sea demasiada, esta clase de actitudes no son acertadas. Por suerte, el mismo Juan Pablo, en otra muestra de su grandeza, reconoció el error, así como tomo la responsabilidad por el empate: "Le dejé un mensaje al Pato en el contestador, como hombre debo reconocer mi error".


           Desde aquí estamos más que felices que este sea el arquero de la selección nacional. Esperamos que siga con este nivel en la Copa América. Aplausos para él. 

martes, 17 de mayo de 2011

Batista (hablando de Tévez): "Hoy mi número nueve es Messi"

                Extraño, ¿no? Esta declaración del DT del seleccionado argentino me hizo reflexionar sobre algunas cuestiones inherentes al fútbol argentino. Alguna vez, desde este espacio, dijimos que el enganche es una especie en extinción. También podríamos decir que los laterales no abundan, fácilmente demostrable repasando los últimos que tuvo la selección. Ninguno en el último tiempo. Ahora bien, decir que Messi es número nueve, o pensar que Tévez -que aunque tiene más características de centrodelantero que Messi, tampoco lo es- es ocultar un problema. ¿Dónde están los nueves? Parecería que Huguaín es el único remanente que tenemos.
                Analicemos un poco la cuestión a fondo. En el fútbol argentino tenemos a: Teo Gutiérrez, nueve de Racing, Martín Palermo, nueve de Boca, Andrés Silvera, nueve de Independiente, Pablo Velazquez, nueve de San Lorenzo, Santiago Silva, nueve de Velez, Esteban Fuertes, nueve de Colon. Tres veteranos y tres extranjeros, solo por nombrar algunos clubes. Interesante.
                Analicemos ahora los jugadores argentinos en el extranjero. Crespo y Milito están más cerca arpa que de la guitarra, futbolísticamente hablando. Cruz, ya retirado. Lucas Barrios, nacionalizado paraguayo. Fernando Cavenaghi está en Brasil, pero nadie lo tiene en cuenta ni para jugar a las bolitas.
                Veamos a los jugadores citados en los últimos tiempos: Messi, Lavezzi, Tévez, Agüero, Sálvio, Gaitán, Higuain, Martínez. Los primeros seis, de características más o menos similares, no sabemos si son media puntas, segundo delanteros, algunos los llaman centrodelanteros. Son una mezcla rara. Se mueven por todo el frente de ataque con libertad.
El caso del Pipita y del Burro Martínez es un tanto distinto. Podemos diferenciar allí, siendo generosos con la caracterización, pues tampoco son Palermo y Guillermo, a un nueve “clásico” y a un siete “clásico”, respectivamente.
De por más está decir que extrañamos horrores la presencia en el seleccionado de Gabriel Omar Batistuta. Desde él, y con una escala en Crespo, no tuvimos más ese nueve goleador, omnipresente y sabio en el área. Aquel que tiene el arco entre ceja y ceja. Aquel que no duda, pero tiene siempre un tiempo más para pensar.
Vemos un vacio importante en esto. Y como antes dijimos, tampoco hay enganches o laterales en demasía.
A reflexionar nuevamente, que pasa con nuestras inferiores. 

lunes, 16 de mayo de 2011

Del “polvo bárbaro” al “nos metieron la mano”, las dos caras del superclásico

                Volvimos. Luego de ciertas turbulencias ya acomodadas de la vida, el blog nuevamente está acá. Intacto. Y se jugó una nueva edición del superclásico del fútbol argentino.
                Futbolísticamente hablando, no fue un partido altamente recomendable, más allá de varias facetas muy emotivas. River dominó los primeros veinte, pero sin generar peligro. Boca, sin patear al arco, llegó al gol a los 28 del PT. Dos minutos después, el histórico Martín Palermo llegó a su gol 234 en Boca, y se cerró el partido.
Lógicamente River salió a buscar el partido, pero sin mucha profundidad, y cuando Boca tuvo la posibilidad, controló la pelota.

Martín Palermo

                No solo un párrafo aparte. Palermo merece más que eso. El ídolo xeneize se retiró de los superclásicos como había debutado: con un gol y con la victoria. Él es así. Por más que ya se le note la edad, por más que ya no participe del juego como antes, por más que estuvo diez fechas sin hacer goles, cuando el Loco tiene que escribir historia, la escribe. Y a lo grande. Ya sea por la Copa, con la selección, o contra River. Y parece que la película tendrá su final feliz. Gracias. Muchas gracias Martín. No hay mucho más que decir.

La cara negra

                No puedo dejar de hablar de Matías Almeyda. Un Matías Almeyda que es ídolo y referente en este River, que carece de ambos. Este Matías Almeyda que volvió del showball para darle una mano a River. Este Matías Almeyda que se hace expulsar tontamente en un partido definido. Pero, esto no es lo más grave. Eso vino después.
                ¿Quién, y realmente dígame quien, compra ese humo? Generador de una demagógica violencia. Él tiene que saber que es un profesional y un ejemplo para muchos, en especial, para chicos. Luego decimos que las banderas y los bombos son violencia, pero, veamos por donde comienza la violencia. Posteriormente al partido, la autocrítica de Almeyda fue inexistente.
                Además, y párrafo aparte, se dice que ama la camiseta de River. Pero, no entiende que está dejando a su club, en un proceso complejo, que River no conoce, como es pelear el descenso, sin un referente y jugador clave. Y que no le den dos fechas. Y que no le saquen otra amarilla, porque sigue con cuatro. O sea, que puede perderse tres de las últimas cinco fechas. Él, el referente. Ahora, pregunto yo, ¿es eso amor por la camiseta? Si así es, prefiero que mis ídolos no amen mi camiseta. Esto, señores, es irresponsabilidad. A reflexionar todos.
               
                También es pertinente nombrar la misma estupidez de Clemente Rodríguez, quien se hace expulsar nuevamente, y la payasada de Monzón, que se adjudicó, vaya uno a saber por qué, el primer gol, además del desmedido festejo.

                Así pasó el clásico por Un pase a la red. Para cerrar, dejó mis aplausos para el Pato Rodríguez y para Teo Gutiérrez, ambos figuras determinantes en sus equipos.